Rigor en divulgación científica: ¿cuánto es necesario?

Rigor

Actualizado el 15/12/2021

Nadie en su sano juicio se atrevería a dudar de la importancia del rigor en la divulgación científica. Por otro lado, un texto divulgativo científico, por su finalidad, debe ser siempre veraz. Sin embargo, aunque estas dos características están relacionadas, tenemos tendencia a confundirlas o incluso nombrarlas como sinónimas. Esto no es correcto. Existen diferencias esenciales entre ambas. Diferencias importantes para lograr una divulgación más eficiente, por cierto.

Índice

  1. El rigor es la propiedad de precisión.
  2. En Ciencia suele confundirse con veracidad porque la precisión es necesaria para la falsabilidad y contrastación en la experimentación.
  3. En comunicación, sin embargo, no debe confundirse rigor con veracidad, pues puede provocar un menor rendimiento en el impacto o calidad del texto.
  4. En términos generales, parece que en el mundo divulgador persiste este error entre autores y autoras.

¿Qué es el rigor?

Las definiciones son importantes. Aunque vivimos en un mundo de lenguaje vivo, es crucial acotar términos y conceptos que nos permitan seguir avanzando en el desarrollo del conocimiento. Las definiciones vagas o imprecisas, poco rigurosas, dan a equívoco y retrasan el avance. Esta sola razón es más que suficiente para buscar la correcta definición del rigor.

Además, hay otra más práctica: la divulgación de la ciencia, especialmente en una época en la que se ha convertido en un producto de consumo, necesita nuevos conceptos de evaluación. Si admitimos que un texto divulgativo es, al fin y al cabo, una acción comunicativa, su calidad no se medirá tanto por su valor intrínseco (su calidad textual, corrección, narrativa…) que será una variable más, sino por su calidad comunicativa. En otras palabras, su calidad dependerá en gran medida del impacto generado en el público al que se dirige.

¿Y qué pinta el rigor en lo anterior? El rigor puede ser parte de ese valor intrínseco del que hablábamos, pero también puede jugar en contra de la calidad comunicativa, como veremos un poco más adelante.

La acepción que nos interesa en la RAE de rigor es “Propiedad y precisión”. En ciencia, el rigor extiende esta definición a la exactitud de datos con los que evaluamos una hipótesis o definimos un experimento. Es más, en el mundo científico profesional es relevante una “cantidad significativa de rigor” para asegurar la reproducibilidad de un experimento.

La ciencia que no es rigurosa es ciencia de mala calidad, si es que puede llamarse ciencia. Esto se debe a que el método científico es muy específico con la sobriedad de la experimentación y la necesidad de que los experimentos no esté sesgados. Sin embargo, en ningún caso, y en ningún sitio, se define rigor como veracidad, y mucho menos como calidad.

¿Qué NO es el rigor?

A pesar de la definición concisa y clara (el rigor habla de precisión), lo cierto es que normalmente se confunde con la veracidad. Obviamente, no son lo mismo. Un texto puede ser terriblemente preciso y, sin embargo, no ser veraz. Igualmente, un texto puede ser indiscutiblemente veraz y no ser preciso (o riguroso).

Sí es cierto que no nos atreveríamos a llamar a un texto poco veraz como riguroso, como parte de esta deformación. ¿De dónde viene esta identificación? Me atrevo a decir que su origen está en la deformación científica. Como dice Lorne J. Hofseth, en el Oxford Journal, hablando de la experimentación, “El rigor científico se puede visualizar como un barco que debe construirse con una artesanía sólida y experta”. Como decíamos antes, un estudio científico de calidad ha de ser riguroso, para que sea reproducible. Esto se traduce como que un experimento sea real, no artificioso o sesgado.

En experimentación, el rigor científico se puede visualizar como un barco que debe construirse con una artesanía sólida y experta. En comunicación, esto corresponde al nivel de exigencia informativa.

Por tanto, en ciencia, y experimentación concretamente, sí que existe la metonimia entre el rigor y la veracidad, porque sin rigor, un experimento no puede ser verificado. A pesar de ello, incluso en la metodología científica existe una amplia discusión sobre el valor de la rigurosidad, la veracidad y la reproducibilidad, aunque no vamos a entrar en ello.

Lo que queremos es resaltar un hecho que se da de forma común en la divulgación de la ciencia: confundimos el rigor con la veracidad, y, por transferencia, con la calidad. Sin embargo, un texto divulgativo no tiene por qué ser excesivamente riguroso para ser de calidad. Porque la precisión de dicho texto va acompañada de datos e información. Y esto no siempre juega a favor del público objetivo al que se dirige el texto.

El rigor en la divulgación científica ha de dosificarse

Volvamos a la premisa que asentábamos antes: si un texto divulgativo es un producto de consumo dirigido a un público, su calidad estará medida en impacto. ¿Qué impacto? El que genere en el público objetivo. No es que no exista una calidad intrínseca al producto en sí mismo. Un texto puede ser mejor o peor según esté escrito, obviamente.

Pero, como el objetivo de la divulgación, por su definición, es el alcance del público, por definición nuevamente, será el impacto que genere el que determinará la calidad de la acción divulgativa. O parte, al menos. En tal caso, un exceso de rigurosidad, de precisión, puede jugar en contra de dicho objetivo.

rigor en divulgación científica

En otras palabras, demasiados datos, una redacción tortuosa y pesada, puede ir en detrimento de la propia divulgación del mensaje. Un alto nivel de rigor, por ejemplo, puede ser adecuado para un público especializado, lo que se puede denominar divulgación de alto nivel o diseminación, mientras que será contraproducente para un público generalista, que verá su atención mermada por el exceso de información.

Insistimos, esto no quiere decir en ningún momento que un descenso del rigor de un texto implique una disminución de la veracidad. Son cuestiones independientes, aunque puedan estar relacionadas. Por deontología, en la divulgación científica toda la información ha de ser veraz (aunque pueda contrastarse y cambiar con el tiempo).

Por tanto, el rigor en la divulgación, específicamente, ha de dosificarse para que el producto divulgativo cumpla adecuadamente con su cometido.

¿Qué opinan los divulgadores y divulgadoras?

Es curioso hasta que punto esta deformación de la que hablábamos se manifiesta en la sociedad. Recientemente, desde Vector Divulgación lanzábamos una encuesta para saber qué opinaba el público sobre esta cuestión. En Twitter y en LinkedIn preguntamos “¿Qué define el rigor en divulgación escrita?”. Sorprendentemente, en ambos casos, la mayoría de las personas contestaron que corresponde a la calidad, la veracidad y la precisión, seguido de la veracidad, únicamente. La respuesta más precisa, sin embargo, es, valga la redundancia, la precisión del texto, claro. Hay que dejar claro que estos números no son representativos, y solo sirven como termómetro anecdótico sobre la cuestión.

 

Para Cintia Refojo, Jefa Unidad de Educación científica de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, “que algo sea preciso significa que sea ‘perceptible de manera clara y nítida'”. Esto, afirma, sí es un indicio de calidad de la divulgación en cuanto a su impacto, según comentaba en Twitter. Por otro lado, para el divulgador y autor de Ciencia Kanija, Manuel Hermán,  la veracidad también es parte fundamental del rigor. “Puedes escribir con una precisión maravillosa sobre la sanación cuántica, que no por eso es más riguroso. No me parece, sin embargo, que la calidad del texto sea relevante. […] la precisión y veracidad me resultan igualmente importantes”.

Aprovecha el debate, además, para lanzar algunas preguntas interesantísimas: “¿el rigor se aplica a la construcción gramatical, o a la información que transmite? ¿Fondo, o forma?” y “¿puede haber rigor sin veracidad, sea en los niveles [de divulgación] que sean?”

Estos son ejemplos bastante interesantes de cómo vemos el rigor a la hora de hablar de ciencia. Esto puede definir la forma que tenemos al hacer divulgación. Incluso, podría jugar en contra de nuestra labor como comunicadores. O a favor. Confeccionar un mensaje divulgativo, especialmente en un mundo digital y lleno de canales y formatos, es un arte con una miríada de matices cuyo resultado es mayor que la suma de sus partes.

Como comenzábamos diciendo, las definiciones tienen su importancia, especialmente cuando queremos ahondar en una cuestión, y especialmente cuando queremos hacerlo para hablar de la divulgación y su papel en la sociedad.

No estás siendo riguroso, estás alimentando tu ego

En una reciente publicación de su Newsletter, la excelente ilustradora y divulgadora, Miriam Rivera,  lanzaba algunas cuestiones sobre la mesa: “al científico le da miedo no ser riguroso”.

“Bueno, a mí también, claro, pero de un modo algo diferente […].

Desde el punto de vista del científico, a veces, ser riguroso quiere decir también:

  • Usar más tecnicismos, porque tampoco son tan raros y además son las palabras más precisas para definir los conceptos o procesos de los que hablas.
  • Profundizar en la información, ya que es muy importante para que la gente lo entienda TODO”.

Sin embargo, tal y como apunta Miriam, esta percepción no es del todo correcta. ¿En qué sentido? La autora lo aclara:

“Los tecnicismos son las palabras más habituales para ti o para tu equipo, porque trabajáis con ellas todos los días. Pero fuera de tu oficina o de tu laboratorio, la gente no sabe lo que es un hematíe o la acrinatrina. La cosa cambia si les dices ‘glóbulo rojo’ o ‘un tipo de pesticida contra los ácaros'”. 

Y continúa: “Profundizar no siempre es necesario. Lo primero que debes tener en mente a la hora de hablar de tu investigación, proyecto o innovación, es a quién le estás hablando y cuál es el mensaje que quieres que se lleve a casa. No hace falta mencionar todos los tipos de acaricidas habidos y por haber para decirle a un apicultor que alterne periódicamente el tipo de acaricida que usa si no quiere que los ácaros Varroa destructor se hagan resistentes y maten a sus abejas sin remedio”.

Para Miriam, ambos casos son correctos en cuanto a información, que no es menos cierta ni se malinterpreta nada porque no se use un término científico o no se explique más.

“A mi también me da pena dejar cosas en el tintero porque he trabajado mucho, he aprendido muchas cosas interesantes y me gustaría contárselas a otros.

Pero eso sería solo serviría para satisfacerte a ti mismo, no para que tu público objetivo entienda ese mensaje tan importante”, zanja.

¿Qué necesitas?
RECURSOS

Para divulgadores y periodistas científicos.

HERRAMIENTAS

Apps, servicios y gadgets para divulgadores y periodistas.

ANALISIS

Análisis y actualidad de la comunicación científica.