Diez consejos para enfrentarte a la entrevista con un periodista

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El pasado jueves, 21 de octubre tuvimos el honor de participar en uno de los seminarios organizados por el IMIB-La Arrixaca de Murcia. En esta ocasión, bajo el título Periodismo vs Ciencia: cómo enfrentar a los profesionales de la comunicación de forma eficiente, nuestro compañero, Santiago Campillo, tuvo la oportunidad de compartir parte de su experiencia como periodista científico con las casi 50 personas asistentes al mismo.

Aprovechando el material recogido para tal evento, queremos compartir con todos los investigadores e investigadoras, algunos de los consejos proporcionados durante el seminario. Estamos seguros de que estos os resultarán de gran utilidad.

El objetivo de los mismos es ayudar en las tareas de divulgación de las investigaciones y proyectos que surgen en la vida científica y, en especial, a la hora de afrontar una entrevista. Estos diez tips prácticos para enfrentarse a un periodista facilitarán la tarea de reunir, ordenar y transmitir la información de forma más eficiente. También ayudarán a reducir las posibilidades de tergiversar la información que, por desgracia, a veces se dan debido al frenesí del mundo de la información.

Índice

Secretos para enfrentarte al profesional del periodismo

Los tiempos terriblemente cortos, la crisis del periodismo digital, la manipulación editorial, la búsqueda de la atención, la inexperiencia… Muchos son los potenciales enemigos a los que se enfrenta un periodista a la hora de redactar una noticia. Esto es especialmente cierto cuando hablamos de ciencia.

Por desgracia, un desliz en una de estas cuestiones puede suponer un problema importante en la integridad de la información transmitida. Si eres un científico o científica y temes que los resultados de tu investigación puedan ser exagerados, mal interpretados o directamente tergiversados, los siguientes consejos te ayudarán a minimizar dicha posibilidad. Aunque nos vamos a centrar en el mundo de la ciencia, lo cierto es que estos son aplicables a casi cualquier otra especialidad puesta frente a frente con un o una periodista.

Volviendo al tema, y antes de comenzar, situémonos: somos científicos y tenemos nuestros resultados, nuestras publicaciones y nuestro trabajo. En algún momento dado, un periodista o divulgador va a preguntarnos por todo ello y nosotros vamos a prepararnos para que nuestra noticia sea rigurosa, sea interesante y el proceso sea cómodo tanto para nosotros como para el redactor. Así todo el mundo sale ganando, sobre todo la sociedad. ¿De acuerdo? Pues vamos allá.

Nunca digas que no

La ciencia que no se comparte, no es ciencia. Es esoterismo. La sociedad tiene derecho a saber que se hace en un laboratorio. Es más, de forma egoísta al científico le interesa mucho divulgar, porque aumenta el número de citaciones de sus investigaciones. Un científico no se puede permitir el lujo de rechazar la posibilidad de que escriban sobre lo que hace.

Si no tiene tiempo, cosa común en el mundo actual de la ciencia, o no se le da bien, siempre puede buscar a alguien que lo haga por el equipo: otro miembro, un director de proyecto o, incluso, un gabinete o un relaciones públicas del centro.

Por experiencia os diremos que se tarda apenas media hora en responder a las preguntas por correo. Por teléfono, o en persona, solo se necesitan unos 15 minutos. En cualquier caso, ese tiempo puede hacerle mucho bien a una investigación.

La divulgación científica es un derecho recogido en el Art. 27 de la Declaración Universal de los DDHH. Y el Art. 38 de la Ley 14/2011 de la CTI precisa que se debe fomentar la divulgación de la ciencia en España

Es más: ¿sabías que la divulgación científica es un derecho recogido en el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Y que el artículo 38 de la Ley 14/2011 de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación precisa que las Ad. públicas deben fomentar la divulgación de la ciencia en España?

Las cinco respuestas de una noticia

Una cosa muy útil es conocer a qué responde una noticia o artículo. Esto ayuda a prever la información que un periodista suele pedir, lo que hace que el investigador sienta menos vulnerabilidad y más seguridad a la hora de contestar.

Básicamente, el redactor o redactora va buscando contestar a cinco preguntas básicas: qué, por qué, quién, cuándo y dónde.

Qué es lo más importante de un descubrimiento: aquí es donde se va a buscar el impacto

Por qué es lo más importante: esa pregunta sirve para contextualizar el descubrimiento

Quién lo ha descubierto: ¿quién es el equipo que ha participado, hay que nombrar al centro, es un descubrimiento multidisciplinar...?

Cuándo ha sido: ¿es reciente, ha sido largo, hay antecedentes, lo han descubierto antes...?

Dónde se ha descubierto: ¿es un descubrimiento español, local, del centro...?

Estas preguntas no siempre se articulan directamente. Por ejemplo, un periodista puede preguntar “cómo afectará a la sociedad a corto plazo”, o “qué importancia tiene la participación de ese otro equipo en el descubrimiento”. Las preguntas a las que se responde en estos casos son Qué + Por qué y a Quién, respectivamente.

Tener estas cinco preguntas esquemáticas permite hacernos una idea rápida que ayudará a responder a casi todo. Incluso, permitirá a un investigador identificar errores y corregirlos más fácilmente.

Prepárate previamente

Antes de participar en una entrevista se le puede pedir a un periodista que oriente sobre qué quiere hablar o cuál será el enfoque del artículo. A veces es mejor no indicarle al investigador qué preguntas se harán para obtener mayor naturalidad, pero, por lo general, no pondrá pegas a la hora de contestar.

En cualquiera de los casos, el investigador o investigadora sí que puede hacer un trabajo previo que le ayudará: un resumen. No hace falta que sea muy largo; ni tan siquiera por escrito, aunque ambas cosas ayudarán. Para hacer el resumen es conveniente seguir las siguientes normas:

  1.   Reducir al máximo los tecnicismos. “¿Estás seguro, o segura, de que ese término es necesario? Piensa que no vas a hablar con un colega. Haz un texto como si fuera para tu hijo, o tu abuela”.
  2.   Hablar de forma sencilla, directa y clara. “Olvídate de frases complicadas. Hemos descubierto esto. Es importante porque nos permite esto otro. Las aplicaciones que podemos esperar son esta, esta y esta. Sencillo, directo, claro”.
  3.   Menos es más. “¿Realmente necesitas contarlo todo? Volvamos a lo anterior. No estás hablando con un colega. Es más importante que selecciones lo que de verdad tiene valor para la sociedad, no para otro especialista. Los detalles están recogidos en tu paper
  4.   Usar el esquema de cinco preguntas de antes para hacer este resumen.

Básicamente, con esta preparación se escribe el esqueleto de la noticia y lo que evita problemas de tergiversación de la información.

Mejor por escrito

Aunque es mucho más fácil hacer una entrevista por teléfono o en directo, hacerlo por escrito asegura ciertas ventajas. Por ejemplo, que haya menos oportunidades de que cambien nuestras palabras.

También proporciona tiempo para pensar, recabar información y contrastarla. Además, brinda la oportunidad de ser más claros y ajustar las expresiones, sobre todo si van a citar textualmente.

Es conveniente enviar en un formato que se pueda copiar y pegar cómodamente.

No se debe copiar y pegar de tu paper. No es eso lo que se quiere de una entrevista, sino las palabras personales del investigador.

Por otro lado, tampoco es recomendable usar una entrevista que ya se haya hecho previamente, aunque se pueden cambiar algunas partes, al menos, para reducir el problema.

Añade toda la información que creas conveniente antes de que te la pidan

Es importante adjuntar los papers, fotografías del equipo, figuras o cualquier documentación que el periodista pueda necesitar. En general esto ahorra tiempo para ambas partes.

Muchas veces un redactor no sabe qué necesitará hasta que no se pone con el trabajo. Si el investigador se adelanta a sus posibles necesidades, un acto de apenas unos minutos, la comunicación se vuelve mucho más eficiente.

Rigor sí, pero, ¿cuánto?

Solemos confundir el término rigor con veracidad o desinformación. Y no son lo mismo. El rigor, especialmente en comunicación de la ciencia, habla específicamente de precisión.

El nivel de rigurosidad no es el mismo para todo el mundo. En general, el nivel de rigor necesario depende específicamente del público objetivo al que va dirigida la redacción.

Por ejemplo: “Consumir más de un kilo de aspartamo al día está relacionado con el cáncer” no es especialmente riguroso, pero, desde luego, tampoco es falso o desinformativo. Puede ser más riguroso si coincide más con lo que dicen las evidencias, incluso siendo falso, o ser menos riguroso aun siendo verdad.

Un artículo menos riguroso, es decir, menos preciso, pero veraz, atractivo y bien traducido a un lenguaje más asequible es de mayor calidad que uno que contenga más información precisa, con más datos, y que no va a entender dicho público

Una deformación típica de la ciencia es confundir rigor con calidad de la información y esto no es así. Para un público generalista priman más otras características. En otras palabras, un artículo menos riguroso, es decir, menos preciso, pero veraz, atractivo y bien traducido a un lenguaje más asequible es de mayor calidad que uno que contenga más información precisa, con más datos, y que no va a entender dicho público.

La calidad de un escrito se evalúa por el impacto que genera en su público, no por el escrito en sí.

Cómo se le da calidad a un escrito

¿De qué depende la calidad de un escrito? Sí, del impacto que genera en el público. Pero, ¿que valores son los que se usan para generar el impacto?

En primer lugar, como cualquier acción comunicativa, un producto divulgativo, como un texto, tiene un mensaje, la información; y un formato, el escrito, por el que se transmite.

Tiene un objetivo, que es informar. La unión del mensaje y el formato le da ciertas características al texto: la voz, el discurso, el estilo, la maquetación, el apoyo multimedia, el hipertexto que permite ampliar la información, la veracidad, el rigor, la corrección…

La calidad de un texto depende de todo esto y mucho más. El conjunto es mucho más que la unión de sus partes, en este caso. Es importante asumir que escribir no es fácil ni lo puede hacer todo el mundo.

Como cualquier habilidad, se adquiere con la práctica. Como cualquier profesión, se pule con tenacidad y tesón. Cuando un periodista o redactor hace un ejercicio de escritura, lo hace de una manera concreta y por una razón: buscando la calidad adecuada para generar el impacto necesario.

¿Qué puedo corregir?

Depende. Si el periodista ha entendido mal una idea, y ojo, eso no quiere decir que lo haya escrito con un nivel adecuado de rigor, sino que se haya equivocado, el investigador está en su derecho de corregir a la redacción.

Es más, es su deber, como experto o experta, en sacar del error al periodista. Para eso está consultando.

Sin embargo, jamás se corrige la forma de escribir de un profesional. Corregir el estilo de un redactor es de un pésimo gusto. “¿No te convence esa frase? ¿Crees que queda mejor así, o asá?” Estas no son razones que justifican una corrección.

Si es una cita textual de una entrevista telefónica o personal, por ejemplo, sí que se le puede pedir que lo cambie siempre que no varíe la información, en principio. Decimos en principio porque no se debería cambiar el enfoque de una información (por ejemplo, si el investigador decide, más tarde, que su jefe va a enfadarse por lo que ha dicho).

Aun así, la regla de oro es una comunicación activa: pedírselo amablemente. Reescribir una o varias partes de un artículo sin tan siquiera la cortesía de comentárselo al redactor es un derecho exclusivo del editor, y una falta de respeto importante para los profesionales que están escribiendo la historia, pero siempre podemos solicitarlo.

¿Me tienen que mandar una copia antes de publicar?

Depende, de nuevo. En concreto, depende de la línea editorial. Si la redacción es institucional, seguro que nos lo mandarán. En la gran mayoría de gabinetes comerciales, probablemente no lo hagan, aunque lo pidamos. Esto se hace para intentar velar por la integridad informativa.

En términos generales, el periodismo exige máxima objetividad, lo que incluye que un investigador pueda cometer un error que luego se subsanará en una fe de erratas. Recordemos que, aunque se publique, siempre podemos pedir que subsanen un texto a posteriori.

El periodista no es tu enemigo

Probablemente el punto más importante a recordar: El o la periodista no quiere aprovecharse del trabajo del investigador. No quiere tergiversar ni convertirlo en lo que no es. Quiere entenderlo y traducirlo para que la sociedad lo comprenda a su vez, para que le preste atención a lo que hace en el laboratorio.

Es muy conveniente hablar de profesional a profesional, comprender que su trabajo, el del periodista, tiene secretos que el investigador no domina al igual que ocurre al revés.

Llegar a un acuerdo y entender el porqué de los límites que se puedan poner en la comunicación es vital. Es muy conveniente facilitar el trabajo del comunicador para evitar que salga perdiendo la información sobre la investigación.

Una buena comunicación es el primer paso para sacarle el máximo partido a una colaboración con el medio.

El o la periodista es el puente hacia la sociedad, una autopista para que el mundo conozca lo que el científico y la científica hacen.

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