¿Deberíamos dejar que los investigadores revisen nuestros artículos divulgativos y periodísticos antes de publicar?

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En su desempeño, los y las profesionales del periodismo y la divulgación científica se encuentran a menudo con una tesitura incómoda, como poco. ¿Dónde empieza la cortesía profesional y dónde la responsabilidad informativa? ¿Hasta qué punto tiene derecho un investigador a exigirnos revisar lo que escribimos sobre su trabajo? Esta es una pregunta recurrente, y el debate está lejos de acabar. Hoy, aprovechando nuestra reciente participación en el V Foro hispanoamericano de periodismo científico, “COVID y más allá”, vamos a discutir sobre ello.

Índice

En Vector Divulgación creemos que debe haber un acuerdo tácito entre investigadores y periodistas, basado en los siguientes puntos:

  1. Debe existir confianza entre ambas partes. Esta comprende que la redacción no faltará al rigor o la veracidad mientras que el investigador no omitirá información o actuará de mala fe
  2. Se respetará el trabajo por ambas partes: la integridad del descubrimiento y las necesidades comunicativas. Muchas veces, ni una parte ni la otra entienden los matices que hemos mencionado más arriba. En este acuerdo investigadores y redactores han de hacer el esfuerzo para localizar esta falta y no dejar que se convierta en un error
  3. Se respetará la autoría y la responsabilidad: es igual de malo que un investigador se tome a la ligera la libertad de corregir el estilo de un texto como que un autor no refleje adecuadamente el valor científico y solar que tiene una investigación
  4. Las correcciones irán orientadas a salvar errores de concepto o comprensión, nunca a forzar la voz, el formato o el estilo
  5. Siempre, en cualquier caso, se respetará la comunicación entre ambas partes, intentando llegar a unos mismos objetivos

¿Qué problema hay?

En un trabajo de redacción existen matices increíblemente complejos: el enfoque; el interés editorial; la confección del texto; la voz del autor o autora; los conflictos de intereses; la veracidad de la información; el rigor de la misma; el interés del público; el bien social… Hacer que todos estos matices vayan en la misma dirección es el complicadísimo trabajo de los comunicadores científicos.

Al mostrarle un texto al autor o autora de una investigación podríamos toparnos con algunos conflictos, independientemente de que invitemos a hacer correcciones o no.

A su vez, algo similar podríamos encontrar en un trabajo científico. Una investigación es en sí misma una obra de arte delicada y compleja, que forma parte de un cuadro infinitamente más grande, que no para de crecer. Esto, además, se adereza con la complejidad: la ciencia, a medida que ha ido evolucionando se ha parcelado en especialidades de las que solo unas pocas personas llegan a ser capaces de comprender en profundidad.

ciencia comunicación científica

Ante este panorama, se entiende, hacer un ejercicio de redacción sobre una investigación es, como poco, un reto impresionante. Expuestas estas obviedades, nos queda responder a la pregunta: ¿qué problema podría haber al dejar que un investigador revise el trabajo divulgativo?

Al mostrarle un texto al autor o autora de una investigación podríamos toparnos con algunos conflictos, independientemente de que invitemos a hacer correcciones o no. Enumeremos algunos de ellos:

1. Que el investigador obvie la necesidad editorial (el enfoque, principalmente)

2. Que no sea capaz de adaptarse al lenguaje, y lo sienta frívolo o poco riguroso

3. Que no se sienta identificado en la información que se transmite

4. Que le de vergüenza o timidez al ver su trabajo expuesto

5. Que se sienta amenazado al ver su trabajo expuesto

6. Que manifieste un conflicto de interés de algún tipo

En cualquiera de los casos, incluso aunque le neguemos la posibilidad de hacer modificaciones, nos encontraremos con el entorpecimiento de la publicación: quejas al autor o a la redacción, boicot a la publicación, relación descortés o poco profesional… En general, cualquiera de estos conflictos nos llevará a una situación más o menos desagradable.

Por otro lado, no consultar también puede acarrear otros problemas importantes:

1. Que la integridad de la información se vea en peligro por errores o falta de comprensión

2. La falta de precisión

3. Que olvidemos partes importantes o confundamos el valor de la investigación

4. Que supeditemos demasiado la información a las necesidades editoriales, deformando la información

5. La pérdida de confianza por parte del investigador o investigadora (o de la institución)

Respuestas efímeras para un debate eterno

La responsabilidad es de quien escribe el texto

No gustaría dejar clara una cuestión: la responsabilidad de cualquier pieza periodística o divulgativa corresponde, en última instancia, al autor o autora de la misma. Sí, la editorial tiene mucho que decir. Las instituciones tienen una tendencia draconiana a controlar lo que se publica. Pero, finalmente, la responsabilidad es ineludible. Quien confecciona la pieza tiene una responsabilidad profesional, ética y moral con respecto a su obra. Siempre podemos decir que no, recordémoslo. Por responsabilidad heredada, es del autor o autora la decisión de dejar que otros revisen su texto.

La responsabilidad de cualquier pieza periodística o divulgativa corresponde, en última instancia, al autor o autora

 

La editorial manda

Sí, ut supra, la responsabilidad es inherente, pero la línea editorial, con su visión más grande y orgánica, y una dirección que nos paga, suele tener un control directo sobre este aspecto. En este caso es fácil, decidir si se revisa o no es problema de otra persona. En general, muchos medios periodísticos no permiten que los investigadores lean el texto antes de su publicación (aunque suelen permitir arreglos a posteriori). De forma diametralmente opuesta, las instituciones suelen exigir que lo revisen y cambien, pues representan a los investigadores e investigadoras a los que entrevistamos. Aun así, recordemos que los autores somos responsables de qué es lo que termina en la mesa editorial, no lo olvidemos.

Más allá del periodismo

En ocasiones, escribimos artículos no periodísticos, sin firmar, o para otros autores (ghostwriting), en cuyo caso derivamos la responsabilidad. Si no somos autores, no somos responsables y el cliente toma la potestad de dejar o no que se realicen todos los cambios que se quieran. Esto, por supuesto, excluye a estos textos del ámbito más periodístico, pero sí que se dan en textos divulgativos para empresas, por ejemplo. En ningún caso podemos poner en riesgo nuestra ética profesional o la deontología que profesamos como comunicadores científicos. Sencillamente, renunciamos a la responsabilidad de la obra, la cual “vendemos” al cliente.

Llegar al acuerdo tácito

Desde nuestro punto de vista, dejar que el investigador o investigadora vea nuestro artículo es positivo. Para que funcione, y con el fin de evitar al máximo el conflicto, siempre debería existir un acuerdo, normalmente tácito, entre las dos partes. Dicho acuerdo debe esgrimir varios puntos importantes:

  1. Debe existir confianza entre ambas partes. Esta comprende que la redacción no faltará al rigor o la veracidad mientras que el investigador no omitirá información o actuará de mala fe
  2. Se respetará el trabajo por ambas partes: la integridad del descubrimiento y las necesidades comunicativas. Muchas veces, ni una parte ni la otra entienden los matices que hemos mencionado más arriba. En este acuerdo investigadores y redactores han de hacer el esfuerzo para localizar esta falta y no dejar que se convierta en un error
  3. Se respetará la autoría y la responsabilidad: es igual de malo que un investigador se tome a la ligera la libertad de corregir el estilo de un texto como que un autor no refleje adecuadamente el valor científico y solar que tiene una investigación
  4. Las correcciones irán orientadas a salvar errores de concepto o comprensión, nunca a forzar la voz, el formato o el estilo
  5. Siempre, en cualquier caso, se respetará la comunicación entre ambas partes, intentando llegar a unos mismos objetivos

Con estas premisas es muy difícil que surja el conflicto. Por supuesto, siempre puede ocurrir cuando hay terceras partes implicadas (un cliente, una editorial, una institución…) que no están ligadas a este acuerdo tácito y antepondrán sus intereses. Aquí es donde, de nuevo, la responsabilidad debe recuperarse por parte del autor o autora, siempre que este vaya firmado, al menos.

En Vector Divulgación creemos que permitir esta revisión ayuda a crear sinergia entre investigadores y redactores. Esto sirve para encarar los mismos objetivos, que son el bienestar social, desde diferentes ángulos. También permiten hacer mucho mejor nuestro trabajo periodístico o divulgativo, y añadir valor a la obra que estamos confeccionando.

¿Qué opinan otros profesionales?

Recientemente se celebraba el V Foro hispanoamericano de periodismo científico al que tuvimos el placer de asistir como participantes del debate “¿Hay que dejar que los investigadores/as vean los textos periodísticos antes de publicarlos?”.

Moderado por Johanna Ortiz, secretaria de la Asociación Chilena de Periodistas y Profesionales para la Comunicación de la Ciencia (ACHIPEC), el debate entre María Milán, de la UCC de la Universidad Complutense de Madrid, y Santiago Campillo, de esta casa, discutieron diversas cuestiones relacionadas con la pregunta aprovechando el poder de las redes sociales, Twitter Spaces en concreto.

En este medio se dispusieron diversas ideas sobre la mesa. De especial interés encontramos la visión de Milán, con una larga carrera institucional. Desde su punto de vista, la institución representa a los investigadores a los que da voz y, por tanto, debe solicitar una revisión para reflejar adecuadamente el valor de la investigación. Por otra parte, indicaba la periodista, en otras redacciones no se debe anteponer ese derecho a la deontología del periodista, por lo que la revisión se daría solo en ciertos casos y para velar por la rigurosidad del texto.

Santiago apuntó a que el temor de los investigadores a que los periodistas tergiversen sus descubrimientos o se dejen llevar por el amarillismo es el origen de la tradicional desconfianza entre ambas partes. Sin embargo, Milán apuntaba a la necesidad de una sinergia positiva, intrínseca, ya que unos profesionales no pueden vivir sin los otros en una sociedad moderna.

Otro factor importante es la falta de cultura científica en la sociedad, explicaba Santiago, lo que crearía una falsa sensación de divergencia en objetivos: “Si el periodista científico no comprende cómo funciona la ciencia, y la sociedad tampoco, habrán resultados que se desmerezcan o no se valoren adecuadamente, por lo que habrá una diferencia entre los objetivos que se les puede atribuir a un texto”.

Durante la discusión se puso de manifiesto que este tema, como ya hemos dicho, es uno de los eternos debates entorno al periodismo, y no solo en el ámbito de las ciencias. ¿Pone en tela de juicio la deontología periodísitca dejar que el autor “meta mano” a un texto? ¿Hasta que punto debe el periodista acatar la ley editorial? ¿Se debe antes a la necesidad del rigor científico o a la necesidad informativa? Estas y otras preguntas saltaron de forma natural durante el encuentro.

Lo que cuentan las redes sociales

Dada la circunstancia, en Vector Divulgación aprovechamos para realizar dos pequeñas encuestas, nada representativas de la realidad, pero interesantes.

En ambas, realizadas en LinkedIn y Twitter, el grueso de los participantes contestó que sí, sin peros. La segunda opción más popular fue “Sí, pero solo aceptaría cambios si hay errores” (que se adecúa a las palabras que decíamos arriba). Entre un 9 y un 13% de los participantes se negaron en rotundo a compartir sus escritos y, en notable menor medida, a compartirlos pero no aceptar cambios.

“Como en todo, depende mucho del investigador/a… mientras que algunos podrían hacer contribuciones muy agradecidas, en mi experiencia me he cruzado con alguna mente algo más rígida a la que le cuesta entender, por ejemplo, que el mensaje tenga que adecuarse al público sin apenas nociones de ciencia, y que lo puedan comprender fácilmente, pues lo interpretan como falta de rigurosidad al notar el lenguaje distinto al de un artículo científico… Ahora bien, correcciones respecto a la corrección de la información, por supuesto y ¡en todos los contextos!”, comentaba Mairea Irisarri Piñera, Medical Account Executive en Treelogy en la encuesta.

Por su parte, Margaret López, Periodista Científica en SciDev.Net, opinaba que el riesgo reside en que los investigadores crean que tienen más poder que los editores y quieran cambiar la estructura o las frases de explicación. “Quiero creer en la responsabilidad periodística. Si no se entiende un término, un hallazgo o el contexto, entonces, toca volver a preguntar y solo luego escribir la nota”, afirmaba.

“Yo siempre accedí a enviarles mis textos con el acuerdo de que el enfoque o el titular no se cambiarían a no ser que hubiera errores técnicos y que lo miraran respetando los tiempos periodísticos (que son ‘para ya’ casi siempre)”, explicaba Verónica Martín Jiménez, Responsable de Comunicación Consejería de Sanidad en Gobierno de Canarias. “[Siempre] me resultó una buena fórmula para no cometer errores científicos o técnicos y hacer mi trabajo periodístico. No tuve problemas así, y me aseguraba la corrección científica porque un error en un dato o en un concepto te puede echar abajo todo el trabajo”.

"No tuve problemas así, y me aseguraba la corrección científica porque un error en un dato o en un concepto te puede echar abajo todo el trabajo".

Desde el punto de vista de la editorial, Miriam Marrero Castro, Especialista en Estudios de Mercado y Comunicaciones Estratégicas, compartía la siguiente opinión: “Los revisores siempre leemos artículos antes de que sean publicados con la finalidad de hacer aportes, corrección de forma y recomendaciones de fondo cuando aplique. Lo que si es pertinente es respetar el secreto del contenido hasta que su creador lo publique, en mi opinión la confidencialidad de su contenido se debe respetar por respeto también a su autor.

Para el periodista científico Javier Jiménez, existen diversas “esferas de compromiso”, haciendo analogía alas “esferas de la justicia” de Michael Walzer, que afectan al texto. “Cuando me siento delante del texto, entiendo que existen esas distintas esferas, distintas dimensiones, que tienen distintas normas”, nos comentaba. “Estos distintos aspectos se rigen por distintas normas reguladoras. Mientras que hay partes del texto que se ven beneficiadas de compartirlo con los profesionales de la ciencia […] hay otras dimensiones que presentan problemas al hacerlo, porque necesitan de aspectos periodísticos o sociales que se pierden al pasar por el filtro de otra persona que, además, no es periodista”. Para Javier, la decisión se toma al encontrar un equilibrio entre las diversas esferas dentro del propio texto: “habrá una sección que podremos discutir con el autor de la investigación y habrá otras que no deberemos dejar que toquen ni una coma del texto. Qué parte es cual, ahí está la cuestión”.

El debate sigue abierto, lo que no evita que cada profesional adopte una posición y una idisincrasia en su trabajo. Esperamos que el texto sirva a colegas y amantes del periodismo a continuar reflexionando sobre esta tema.

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